Out of the box thinking: pensar fuera de los límites para crear e innovar

Viernes, 26 de junio de 2009

Cuanto pensamos en cómo resolver un , normalmente lo hacemos por caminos ya transitados: analizamos la situación desde una óptica determinada, ensayamos las soluciones que otros ya han intentado antes que nosotros, y nos ceñimos a los marcados por nuestros propios .

El resultado es un pensamiento limitado. Es difícil que se nos ocurra algo verdaderamente nuevo y rompedor cuando no somos capaces de pensar fuera de lo que ya ha sido pensado. Por eso es tan importante pensar -al menos de vez en cuando- fuera de los límites.

Unir 9 puntos en 4 trazos

EL PROBLEMA. El pensamiento fuera de los límites -en inglés, “out-of-the-box thinking”- tiene su origen en la resolución de un sencillo problema: tenemos 9 puntos que forman una especie de caja, y el reto es unirlos todos en 4 trazos seguidos y sin levantar el bolígrafo del papel (la primera imagen).

Lo mejor es que pruebes tú mismo a resolver el problema. Coge lápiz y papel, y prepárate para hacer borrones. Verás que lo único sencillo es el enunciado…

LA . La única manera de conseguirlo es trazando por fuera de los límites de la caja de puntos (ver la imagen inferior). Es decir, para encontrar la solución al problema necesitamos una nueva perspectiva que se encuentra fuera de nuestros límites y tradicionales.

NUESTRAS ASUNCIONES. Lo normal es que no consigamos unir los puntos porque realizamos todos los trazos por dentro de esa caja. Nadie nos ha dicho que no podamos salirnos de ahí. En el enunciado no se establece esa limitación. Pero nosotros lo hemos asumido así. Y eso nos impide encontrar la solución.

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Soluciona los problemas de tu negocio en 5 pasos

Viernes, 27 de marzo de 2009

El otro día hablábamos de qué hacer cuando la has ca##do en un proyecto. Hoy, basándonos en un artículo de Entrepreneur, te proponemos un sencillo en 5 pasos para solucionar los problemas de tu negocio:

1. Haz una lista con todos los problemas

Coge una libreta y empieza a apuntar todos los problemas que tiene tu negocio. No importa lo larga que sea la lista. Después, léelos en voz alta para ver cuáles son realmente importantes. Este ejercicio no sólo te resultará útil, sino que además te servirá para desahogarte…

2. Elige uno de ellos (sólo uno)

Tienes que ir a , así que elige uno sólo de la lista. ¿No sabes cuál? Plantéate estas preguntas:

¿Cuál de tus problemas…

- está acabando con tu negocio?
- te está volviendo loco/loca?
- parece un buen punto por el que empezar?
- puedes arreglarlo tú mismo, o con muy poca ayuda?
- te hará ganar más dinero, o te lo ahorrará?

Elige uno y sigue adelante.

3. Arregla el “verdadero” problema

Piensa en términos médicos. Una cosa son los síntomas, y otra bien distinta la del problema. Diferenciar ambos es clave para arreglar el verdadero problema. Si te quedas en los síntomas, no conseguirás tu objetivo.

A continuación, te presentamos un ciclo clásico. Es muy fácil que tu verdadero problema se encuentre  en alguna de estas etapas:

1. Conoce a tu público objetivo
2. Llega a tus clientes
3. Atrae a tus clientes a tu tienda o a tu sitio web
4. Convence a tus clientes para que compren tus productos o servicios
5. Proporciona esos servicios
6. Recoge los testimonios y referencias de los clientes (para conseguir atraer más clientes: paso 3)

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6 señales de alerta: ese cliente puede convertirse en un auténtico dolor de cabeza

Lunes, 2 de marzo de 2009

¿Nunca has tenido un que ha acabado convirtiéndose en un auténtico infierno? Es imposible saber con exactitud cómo será tu próximo , pero existen algunas señales que nos alertan de los peligros más comunes. En Freelanceswitch han elaborado un buen recopilatorio. Ya sabes: a veces merece la pena decir NO antes que caer en un agujero negro. ¡Atento a las señales!:

1. “Intenté hacerlo yo mismo, pero…”

Esta frase suena a declaración de artista frustrado… Mal asunto. El cliente ha tratado de hacer el trabajo, pero no ha sido capaz. Y ahora te ha elegido a ti para que recojas todas las piezas y recompongas el proyecto. Aunque no lo diga, es muy posible que ese cliente tenga ya una visión en su cabeza sobre cómo tienen que hacerse las cosas, y no va quedarse satisfecho con algo diferente a lo que tiene en mente.

Seguramente encontrarás problemas a la hora de mostrarle cuáles de esas ideas son equivocadas, y es muy fácil que no acabes demasiado orgulloso del resultado final, porque nunca habrás tenido el control del proyecto.

Opciones: Este tipo de cliente es muy complicado, así que piénsalo bien antes de aceptar. Eso sí, si consigues que el cliente quede satisfecho, seguro que hablará bien de ti a todos sus colegas y conocidos: al fin y al cabo, has sido capaz de resolver un que a él le superó.

Si decides seguir adelante, lo mejor es que intentes que el cliente especifique qué es exactamente lo que quiere y cómo lo quiere, para no perder el tiempo en la dinámica ensayo-error-nuevo ensayo.

2. No hay

A simple vista, un proyecto sin un plazo de entrega fijo puede parecer una gran oportunidad para desarrollar un trabajo relajado, sin presiones de ningún tipo. Pero debes estar atento, porque en realidad esto suele significar que el cliente no está demasiado comprometido con el proyecto. Y un cliente que no te devuelve las llamadas de teléfono y que no responde a tus correos es todavía peor que uno que está todo el día encima de ti. A menudo, esta situación puede conducir a que el cliente abandone el proyecto (y es posible que también te deje tirado a la hora de abonar la ).

Incluso si ese cliente parece muy interesado en el proyecto, el hecho de que el plazo de entrega sea demasiado vago puede convertirse en un problema serio: es fácil que cambie de idea muy a menudo. Eso se traducirá en un bucle de revisiones y modificaciones. Lo más posible es que te salgas del . Y suele ser difícil trasladar los extras al cliente.

Opciones: Intenta trazar un plazo de entrega específico. Sé suave pero firme con el cliente. Recuerda que es por el bien de todos: el tuyo y el suyo.

3. “Un amigo me dijo que debería…”

Cuidado con los clientes que pronuncian esta frase. Puede ser un signo de que no conocen bien el tema del que están hablando, y de que quizá ni siquiera necesitan eso que están pidiendo. Esta situación puede conducir al desinterés en el proyecto -tal y como sucede en el caso 1- y a malentendidos muy costosos: es posible, por poner un ejemplo, que el cliente pida un branding completo y que luego -cuando el branding ya está hecho- descubras que lo único que quería era una tipografía de moda para el logo de su empresa.

No te fíes incluso aunque el cliente utilice un lenguaje técnico: es posible que no lo esté utilizando correctamente.

Opciones: Detalla con exactitud lo que vas a hacer, y lo que se necesita para llevar a cabo el proyecto. Intenta obtener del cliente toda la información que puedas. La idea es que descubras qué es lo que el cliente realmente quiere antes de que sea demasiado tarde. Si consigues guiarle correctamente a través del proceso, habrás ganado su confianza, y posiblemente hayas conseguido un cliente para mucho tiempo.

4. Demasiados

Este es un problema típico cuando trabajas con grandes empresas, o con la administración pública. Hay demasiadas personas opinando y decidiendo sobre el proyecto. Eso puede hacer que pierdas el tiempo avanzando en una dirección, para que luego llegue otro interlocutor y cambie los objetivos, o las reglas del juego. También puede ocurrir que quedes atrapado en una “guerra” entre varios interlocutores. Aunque el presupuesto para el proyecto sea grande, es fácil que se diluya en correcciones, revisiones y pasos en falso.

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